Por Nelson Rojas
En un mundo lleno de distracciones y juicios rápidos, Jesús nos enseña la importancia de ver más allá de lo superficial. En Mateo 7:1-5, se nos recuerda que no debemos juzgar a los demás sin antes examinar nuestras propias vidas. Esta reflexión nos invita a desarrollar una mirada compasiva hacia los demás, reconociendo sus luchas y necesidades.
La compasión nos permite conectar con el dolor ajeno, transformando nuestra perspectiva. Al abrir nuestros corazones, podemos ser agentes de sanación, ofreciendo apoyo y amor. Recordemos que cada persona lleva su propia carga; al mirar con empatía, creamos un espacio para la comprensión y el perdón.
En nuestras interacciones diarias, seamos conscientes de la capacidad de ver a los demás como Dios los ve: valiosos y dignos de amor. Practicar la compasión no solo transforma a quienes nos rodean, sino que también nos transforma a nosotros mismos. ¿Cómo podemos cultivar esta mirada compasiva en nuestra vida cotidiana? Bendecido día!









