Por Nelson Rojas
La Biblia nos enseña que la apariencia puede ser engañosa. En 1 Samuel 16:7, Dios le dice a Samuel: “No mires a su apariencia ni a la altura de su estatura, porque yo lo he desechado; pues Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.
Esta reflexión nos recuerda que juzgar a alguien solo por su apariencia superficial puede llevarnos a errores. Las verdaderas cualidades de una persona residen en su interior: su carácter, sus intenciones y su fe. En un mundo donde el valor a menudo se mide por lo externo, es esencial recordar que Dios ve más allá y nos invita a hacer lo mismo.
En nuestras interacciones diarias, cultivemos la habilidad de mirar más allá de lo visible, buscando la esencia y el corazón de las personas. Esto no solo enriquecerá nuestras relaciones, sino que también nos acercará a un entendimiento más profundo de la humanidad y de nosotros mismos.
Bendecido día!









