Por Nelson Rojas
El 11 de septiembre de 2001 marcó un antes y un después en la historia de Estados Unidos y del mundo. Este evento trágico no solo dejó cicatrices profundas, sino que también reveló la capacidad humana para levantarse, adaptarse y encontrar esperanza en medio del dolor. La resiliencia es un tema recurrente en la Biblia, donde se nos enseñan lecciones valiosas sobre la fortaleza en tiempos de adversidad.
En 2 Corintios 12:9, Pablo nos recuerda que "mi poder se perfecciona en la debilidad". La resiliencia no se trata de la ausencia de sufrimiento, sino de reconocer que, a través de nuestras debilidades, encontramos una fortaleza que nos impulsa a seguir adelante.
Romanos 15:13 nos ofrece una promesa: "Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz en la fe". La resiliencia se alimenta de la esperanza, que actúa como una luz que guía nuestros pasos incluso en los momentos más oscuros.
Gálatas 6:2 nos exhorta a "llevar las cargas los unos de los otros". Después del 11 de septiembre, la unidad y el apoyo mutuo fueron esenciales para sanar y reconstruir. La resiliencia colectiva nos fortalece y nos permite enfrentar los desafíos juntos.
A medida que recordamos el 25 aniversario del 11 de septiembre, reflexionamos sobre la resiliencia que ha iluminado el camino de muchas personas. Aquellos que han perdido seres queridos, que han enfrentado el miedo y la incertidumbre, han encontrado en la fe y en la comunidad una forma de seguir adelante. Esta resiliencia no solo nos ayuda a sobrellevar el dolor, sino que también nos impulsa a construir un futuro más esperanzador.
En este aniversario, consideremos cómo podemos ser faros de luz para aquellos que nos rodean. Practiquemos la empatía, ofrezcamos nuestro apoyo y seamos agentes de cambio en nuestras comunidades. La resiliencia es un viaje, y juntos podemos hacerlo más brillante.








