“El amor que mira más allá del origen”

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Por Nelson Rojas

El Principito aprendió a amar a su flor no por su procedencia ni por ser perfecta, sino porque había creado con ella un vínculo: la cuidó, la escuchó y le dedicó tiempo. Su historia nos recuerda que el amor verdadero no se queda en las apariencias ni juzga a alguien por dónde viene.

La Biblia también nos invita a mirar así: «El ser humano mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Dios no define a las personas por su origen, sus errores o su condición; mira su corazón y las ama.

Que aprendamos a amar como Dios: con paciencia, cuidado y compasión, reconociendo la dignidad de cada persona. Porque amar no es preguntar de dónde viene alguien, sino estar dispuestos a cuidar lo que Dios ha puesto en nuestro camino.
Bendecido día!

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