Por Nelson Rojas
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible…”
“1 Tesalonicenses 5:23”
Dios no mira al ser humano como partes separadas, sino como una persona completa. Nuestro “cuerpo”es el instrumento con el que servimos, trabajamos y expresamos amor. Por eso debemos cuidarlo y usarlo para honrar a Dios.
El alma comprende nuestros pensamientos, emociones y decisiones. Muchas veces el alma se cansa, se entristece o se confunde; sin embargo, Dios puede traerle descanso, sanidad y dirección cuando confiamos en Él.
El espíritu es el lugar de nuestra comunión con Dios. Allí reconocemos nuestra necesidad de Él y recibimos vida, fortaleza y esperanza por medio de su presencia.
Nosotros somos más que lo que sentimos, pensamos o mostramos exteriormente. Somos creación de Dios, llamados a vivir en equilibrio y obediencia. Cuando el cuerpo se somete a buenos hábitos, el alma se entrega a la verdad y el espíritu busca a Dios, nuestra vida refleja su propósito.
Que el Señor sane lo que está herido, ordene lo que está confundido y fortalezca todo nuestro ser, para que vivamos no divididos, sino completamente consagrados a Él.
Oración:
Señor, entrego a Ti mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Ayúdame a cuidarlos, limpiarlos y utilizarlos para tu gloria. Hazme una persona íntegra, guiada por tu amor y fortalecida por tu presencia. Amén.









