Por Nelson Rojas
Santo Domingo, RD. – En Filipenses 2:3-4, se nos aconseja: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria, antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros."
Esta enseñanza nos invita a reflexionar sobre la importancia de la empatía y el amor hacia nuestro prójimo. Al poner las necesidades y sentimientos de los demás en primer lugar, cultivamos relaciones más sanas y solidarias. La verdadera grandeza reside en la capacidad de servir y cuidar a los demás, lo que a su vez nos enriquece y nos acerca a una vida plena y significativa.
Al practicar esta humildad, no solo seguimos el ejemplo de Cristo, sino que también nos convertimos en agentes de cambio en nuestro entorno. Al final, al pensar en el otro, encontramos una mayor satisfacción y propósito en nuestras vidas. Bendiciones!









