Por Nelson Rojas
En Romanos 12:3 se nos recuerda que no debemos pensar de nosotros mismos más de lo que conviene, sino pensar con cordura, conforme a la medida de fe que Dios ha dado a cada uno. Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la importancia de la humildad y el respeto hacia los demás.
A menudo, nos dejamos llevar por la comparación y el juicio, olvidando nuestras propias imperfecciones. Al mirar a nuestro alrededor, es vital recordar que cada persona tiene su propia lucha y desafío. En lugar de elevarnos sobre los demás, debemos reconocer que todos somos igualmente necesitados de gracia y comprensión.
La verdadera grandeza se encuentra en la humildad. Al adoptar una actitud de servicio y amor hacia los demás, reflejamos el carácter de Cristo. Así, al mirarnos en el espejo de la Palabra, entendemos que somos llamados a ser un apoyo y no una carga para nuestros hermanos.
Cultivemos un corazón humilde, recordando que, al final, todos estamos en el mismo camino hacia la perfección que solo Dios puede dar. Bendiciones!









