Por Nelson Rojas
A veces pensamos que nuestros mayores problemas vienen de afuera: de las circunstancias, de las personas o de las dificultades que enfrentamos. Pero la Biblia también nos invita a mirar hacia dentro. Santiago 1:14 enseña que cada uno puede ser arrastrado por sus propios deseos; y Jeremías 17:9 advierte que el corazón puede engañarnos.
El orgullo, el rencor, la envidia y el miedo pueden convertirse en enemigos silenciosos. Nos apartan de Dios y dañan nuestras relaciones. Reconocerlos no es motivo de vergüenza, sino el primer paso para cambiar. El salmista oró: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón» (Salmo 139:23).
No podemos vencer solos todo lo que habita en nuestro interior, pero sí podemos pedirle a Dios que nos muestre la verdad y nos dé fuerzas para escoger el bien. Cuando dejamos que Él transforme nuestro corazón, aquello que antes nos dominaba puede empezar a perder su poder.
Bendiciones!







