Por Nelson Rojas
«Hay gente culta que no sabe leer ni escribir: culto es el que sabe escuchar al otro». —Eduardo Galeano
La cultura no se mide únicamente por los libros que hemos leído ni por los títulos que llevamos. También se revela en la manera en que recibimos la palabra de los demás: con respeto, paciencia y un corazón dispuesto a comprender.
La Biblia nos enseña: «Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (Santiago 1:19). Escuchar de verdad es más que guardar silencio mientras otra persona habla; es reconocer su dignidad y abrirle espacio, aun cuando pensemos distinto.
Jesús escuchaba a quienes otros ignoraban. Se acercaba a sus historias sin desprecio y respondía con compasión. Su ejemplo nos invita a vivir una cultura del encuentro: menos prisa por juzgar y más disposición a comprender.
Quizá la sabiduría más profunda no consista en tener siempre algo que decir, sino en saber escuchar con amor. Porque cuando escuchamos al prójimo, también aprendemos a reconocer la voz de Dios en medio de la vida cotidiana.
Bendecido día!









