¿Podrá Netanyahu formar un nuevo gobierno con la oposición judía o con los partidos árabes?

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Por Nelson Rojas

La elección celebrada el 27 de octubre de 2026 dejó un Parlamento fragmentado. Con el recuento disponible al 28 de octubre, ningún bloque alcanza por sí solo los 61 escaños .

La pregunta sobre la formación del próximo gobierno no depende únicamente de quién obtuvo más votos, sino de qué alianzas pueden reunir una mayoría parlamentaria. El primer ministro Benjamin Netanyahu conserva opciones para intentar formar una coalición, pero su bloque quedó corto de la mayoría. La oposición también enfrenta dificultades: aunque varios partidos judíos se unieron para disputarle el poder, algunos de sus líderes han descartado gobernar junto con los partidos árabes.

La vía de Netanyahu

Netanyahu podría buscar apoyos entre partidos de derecha, religiosos y nacionalistas, o intentar atraer a legisladores de otras fuerzas. Sin embargo, si sus socios actuales no suman suficientes escaños y sus adversarios se niegan a incorporarse a una coalición encabezada por él, su margen de maniobra sería limitado. En ese escenario, podría prolongarse la negociación o surgir la posibilidad de nuevas elecciones.

La alternativa de la oposición

El bloque opositor, encabezado por Gadi Eisenkot, tampoco parece contar con una mayoría suficiente sin algún tipo de apoyo de los partidos árabes. Una opción sería incorporarlos formalmente al gobierno; otra, más limitada, sería recibir su respaldo parlamentario desde fuera de la coalición. Esta segunda fórmula podría facilitar una investidura, pero también dejaría al gobierno expuesto a perder votaciones clave.

La cooperación no es inédita: en 2021, el partido árabe Ra’am participó en la coalición que puso fin a una etapa de gobierno de Netanyahu. Aun así, las posiciones actuales de distintos líderes opositores muestran que repetir esa fórmula sería políticamente difícil, especialmente por las divisiones en torno a seguridad, guerra, ciudadanía árabe y el conflicto palestino-israelí.

El peso de los partidos árabes

Los partidos árabes podrían convertirse en actores decisivos, no necesariamente porque todos vayan a integrar el gabinete, sino porque sus escaños podrían inclinar la balanza en la Knéset. El líder laborista Yair Golan ya pidió considerar una alianza con esas fuerzas, mientras otros dirigentes del bloque opositor han rechazado esa posibilidad.

La decisión tendría un costo político para cualquiera de los dos campos. Una alianza con partidos árabes podría ofrecer a la oposición una vía para alcanzar la mayoría, pero también daría munición a sus adversarios y exigiría acuerdos sobre prioridades y políticas públicas. Por su parte, Netanyahu tendría que buscar socios adicionales sin alienar a sus aliados más cercanos.

Netanyahu puede intentar formar gobierno, pero no tiene asegurada una mayoría. La oposición podría desplazarlo si logra acuerdos entre sus partidos y obtiene apoyo árabe, dentro de una coalición o desde fuera. Si ninguna fórmula reúne respaldo suficiente, el resultado más probable sería un período de negociaciones prolongado y la posibilidad de que Israel vuelva a las urnas. Por ahora, el desenlace sigue abierto mientras avanza el recuento oficial y los partidos definen sus posiciones.

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