Por Nelson Rojas
A menudo, caemos en la trampa de juzgar a los demás basándonos en nuestras propias experiencias, creencias y estándares. Esta tendencia puede llevarnos a una comprensión superficial y a un juicio injusto. La Biblia nos recuerda en Mateo 7:1-2: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados.” Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la humildad y la empatía.
En lugar de aplicar nuestros criterios, deberíamos esforzarnos por ver a los demás a través de los ojos de Dios, reconociendo que todos estamos en un proceso de crecimiento y redención. Al hacerlo, creamos un ambiente de amor y aceptación, en lugar de uno de crítica y condena.
Recordemos que cada persona tiene su propia historia y lucha. Si nos enfocamos en la compasión y en el entendimiento, seremos más capaces de construir puentes en lugar de muros. Así, al dejar de lado nuestros juicios, abrimos espacio para la gracia y el perdón.
Bendecido día!









