En la precaria vivienda de Arminda de la Cruz, en La Habana Vieja, la rutina sigue su curso entre partidas de dominó y música reguetón, pero la creciente escalada de tensiones entre Cuba y Estados Unidos aviva el temor a un conflicto militar.
Para De la Cruz, de 56 años y vigilante en una empresa estatal, la prioridad es sobrevivir al día a día, en medio de la peor crisis económica y energética de la isla comunista en décadas.
"Tratamos de no pensar en eso (la guerra), porque tenemos muchos problemas", dice la mujer y muestra a la AFP su refrigerador casi vacío, con apenas unas botellas de agua en el congelador para una familia de siete personas, entre ellos tres niños.









