Por Nelson Rojas
“Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, y así también quedará limpio lo de fuera.” — Mateo 23:26
A veces nos preocupamos mucho por lo que los demás ven: nuestras palabras, nuestras acciones y la imagen que mostramos. Pero Jesús nos recuerda que la transformación verdadera comienza en el interior. Allí donde nadie más mira, Dios conoce nuestras intenciones, heridas y pensamientos.
Limpiar el corazón no significa ser perfectos; significa acercarnos a Dios con sinceridad y permitirle que quite el rencor, el orgullo y todo aquello que nos aleja de Él. Cuando nuestro interior cambia, también cambia la manera en que hablamos, actuamos y tratamos a los demás.
Antes de corregir lo que se ve por fuera, hagamos una pausa y pidámosle a Dios: “Señor, examina mi corazón y ayúdame a renovarlo”.
Bendecido día!









