Por Nelson Rojas
La vida cotidiana a menudo nos sumerge en un torbellino de necesidades físicas. Sentimos el hambre en nuestro estómago antes de reconocer el anhelo espiritual que reside en nuestro interior. En el Salmo 42:1 se nos recuerda: "Como el ciervo anhela las corrientes de aguas, así te anhelo a ti, oh Dios". Este versículo nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades.
Así como el estómago grita por alimento, nuestra alma anhela la presencia de Dios. A menudo, nos dejamos llevar por lo inmediato, olvidando que la verdadera satisfacción proviene de una conexión espiritual. Cuando buscamos a Dios con la misma urgencia con la que buscamos saciar nuestra hambre física, encontramos una paz y plenitud que trascienden lo material.
El desafío está en equilibrar nuestras necesidades físicas con las espirituales, permitiendo que la búsqueda de Dios sea nuestra primera prioridad. Al hacerlo, descubrimos que, aunque el hambre física es urgente, la saciedad del alma es lo que realmente nos llena.
Bendiciones!







