Por Nelson Rojas
Hakeem Jeffries se encamina a convertirse en presidente de la Cámara de Representantes tras la victoria demócrata en las elecciones de medio término. Pero su liderazgo podría verse cuestionado por el ala progresista del partido, que exige una ruptura más clara con el apoyo militar de Estados Unidos a Israel mientras continúa la guerra en Gaza.
La disputa no es menor. En julio, Jeffries se opuso a una enmienda que buscaba cortar parte de la ayuda militar a Israel; aun así, permitió que los demócratas votaran según su criterio. Más de un centenar apoyó la medida, evidenciando la distancia entre la dirigencia y una parte importante de la bancada. Jeffries ha defendido revisar la política de asistencia y ha dicho que hace falta un cambio significativo, pero no ha respaldado un corte total.
Para sus críticos progresistas, mantener o renovar esa ayuda significa seguir financiando acciones que consideran parte de un genocidio en Gaza. Esa es una acusación política y jurídica grave, no una calificación que convenga presentar como un hecho establecido sin atribución. La tensión pone a Jeffries ante una disyuntiva: conservar una postura más cercana al centro del partido o responder a quienes reclaman condicionar la ayuda y priorizar la protección de la población palestina.
La comparación con Donald Trump requiere precisión: su postura sobre Israel y Gaza ha variado, y no es exacto describirla sin más como idéntica a la de Jeffries. El punto común que podría plantearse es político: ambos han evitado comprometerse con un corte total de la ayuda, aunque sus argumentos y posiciones generales son distintos. La pregunta para los demócratas es si esa cautela les permitirá gobernar sin profundizar la fractura interna.







