Trump enfrenta desafíos económicos similares a los de Biden, pero con nuevas presiones

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Por Nelson Rojas

El presidente Donald Trump enfrenta una paradoja que también marcó la presidencia de Joe Biden: aunque algunos indicadores económicos muestran crecimiento, muchas familias siguen sintiendo que vivir cuesta demasiado. Sin embargo, decir que ambos afrontan exactamente los mismos problemas simplifica una realidad más compleja. Comparten preocupaciones —el costo de vida, la vivienda y la confianza de los consumidores—, pero las causas y las políticas de cada administración son distintas.

El costo de vida no baja solo porque la inflación se modere

Una de las principales fuentes de frustración es la diferencia entre “inflación”y “precios”.Si la inflación disminuye, los precios suelen subir más lentamente; no necesariamente vuelven a los niveles anteriores. Así, los hogares pueden seguir sintiendo presión incluso cuando la inflación ya no aumenta al ritmo de años previos.

Ese fue un problema central durante el gobierno de Biden, tras el fuerte repunte inflacionario posterior a la pandemia. Trump heredó precios acumulados elevados y el descontento que dejaron. Pero los datos disponibles ahora también reflejan nuevas presiones: el índice de precios al consumidor subió un 0,6 % en septiembre de 2026, y la tasa de desempleo fue del 4,2.

Crecimiento económico y malestar pueden coexistir

La economía estadounidense no está necesariamente en contracción. El producto interno bruto creció a una tasa anualizada del 3,4 % entre julio y septiembre de 2026, impulsado por el gasto de los consumidores y la inversión en inteligencia artificial. Ese crecimiento es una señal positiva, aunque no garantiza que los beneficios se distribuyan de manera uniforme ni que los hogares perciban una mejora inmediata.

La desconexión entre los indicadores generales y la experiencia cotidiana también se vio durante la presidencia de Biden: el empleo y la actividad económica podían ser sólidos mientras las familias lidiaban con alimentos, alquileres y otros gastos más caros. Trump se enfrenta ahora a una dificultad parecida: demostrar que el crecimiento se traduce en alivio concreto para los hogares.

Herencia de Biden y decisiones de Trump

Trump suele atribuir parte de las dificultades al gobierno anterior. Hay un argumento válido en que las presiones económicas no desaparecen al cambiar de presidente: la inflación acumulada, los costos de vivienda y las decisiones fiscales tienen efectos prolongados. También hubo debate sobre cuánto influyeron en la inflación las políticas de gasto de Biden, frente al impacto de la pandemia, los problemas de suministro y otros factores.

Pero la herencia no explica todo lo que ocurre durante un nuevo mandato. Las decisiones de Trump también cuentan. Los aranceles pueden proteger a ciertas industrias, pero elevan el costo de algunos bienes importados y pueden provocar represalias comerciales. AP informó que las tarifas y la disputa comercial con Canadá han añadido presión sobre empresas agrícolas y sobre los precios de productos cotidianos.

El panorama, por tanto, combina factores heredados con políticas actuales y acontecimientos externos. No es riguroso atribuir todos los problemas a Biden, ni responsabilizar a Trump de cada dificultad que ya existía antes de su regreso a la Casa Blanca.

Deuda, empleo y confianza

Otros desafíos compartidos son la deuda pública, la incertidumbre para las empresas y la confianza de los consumidores. Una economía puede crecer y mantener un mercado laboral relativamente estable, pero aun así dejar a muchos trabajadores preocupados por el precio de la vivienda, el crédito o la seguridad de su empleo. La tensión entre crecimiento agregado y asequibilidad doméstica es una de las claves para entender el debate económico actual.

También importa la confianza: si las personas creen que sus ingresos no alcanzarán o que los precios seguirán subiendo, pueden reducir sus compras. Y si las empresas temen cambios bruscos en aranceles o reglas comerciales, pueden aplazar inversiones y contrataciones. Esos efectos dependen de cómo evolucionen las políticas y los acontecimientos, no solo de las cifras de crecimiento de un trimestre.

Trump y Biden enfrentaron —o enfrentan— una preocupación política similar: “la economía puede mostrar cifras favorables sin que muchos hogares sientan alivio”. Biden fue cuestionado por la inflación que siguió a la pandemia y por el costo de vida; Trump recibe parte de ese problema heredado, pero ahora también debe responder por el efecto de sus propias decisiones, incluidos los aranceles y la incertidumbre comercial.

La comparación más justa no es que ambos tuvieron la misma economía, sino que los dos debieron lidiar con la distancia entre los indicadores nacionales y el presupuesto familiar. El crecimiento del tercer trimestre de 2026 es alentador, pero la prueba decisiva será si mejora el poder adquisitivo y la sensación de seguridad económica de la población.

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