Por Nelson Rojas
En las Sagradas Escrituras, encontramos que Dios es constante en nuestras vidas, un ser que nos acompaña en cada estación, ya sea de alegría, tristeza, crecimiento o cambio. En Eclesiastés 3:1 se nos dice: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Esta verdad nos recuerda que cada etapa de nuestra vida tiene un propósito divino.
Cuando las hojas caen y el invierno se acerca, podemos sentir la tristeza del cambio, pero es en estos momentos donde Dios nos enseña a esperar y a confiar en Su plan. La primavera renueva nuestra esperanza, y el verano nos llena de alegría y abundancia. A través de cada estación, Dios nos invita a reflexionar, a crecer y a aprender.
No importa la estación que estemos atravesando, Su amor y fidelidad son inmutables. Aceptar cada ciclo con fe nos ayuda a ver la belleza en lo que Él ha creado y en lo que está por venir. En cada estación, podemos encontrar a Dios, quien nos guía y nos sostiene.
Al enfrentarte a las diferentes temporadas de tu vida, recuerda que cada una tiene su propósito. Confía en que Dios está contigo, moldeando tu corazón y preparándote para lo que viene.
Bendiciones en este Nuevo Día!









